Pues bien, ya ha pasado una semana casi desde que emigré de
mi lugar de residencia habitual a este pueblo de la siberia, y mi
abstinencia a internet va viento en popa.
De momento, además de preguntar en la tienda de Vodafone, que es una
joyería, a los vecinos y a todo el que se me ha ocurrido, poco he
podido hacer. Sólo, cambiar mi tarifa de datos (ahora con la
de 1GB y me roban 4€ menos que antes), que en un día de uso parece
ser menos de lo suficiente para poder usarlo con frecuencia, y menos
si quiero usar mi móvil como módem para la tablet o el ordenador.
Por eso, la salida ideal parecía ser ir a la biblioteca (que
está en El Palacio de la Cultura, me resulta curioso que aquí sea
Palacio y no Casa, pero bueno :D ), pero el horario es sólo de lunes
a jueves, de 4 a 8, y en realidad la red va bastante mal.
Así que, antes de comprarme un “pincho” he pensado en rescatar
alguno de los que regalaban en el principio de los tiempos los de
Vodafone, que por casa deben andar, por si aún sirve y así me
ahorro el gasto de comprar el aparatillo de nuevo.
Sea como sea, intentaré estar online como pueda, lo malo es el
dinero que eso supone, por lo que tendré que hacer números a ver si
me salen los cálculos.
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