El otro día en la biblioteca el internet iba fatal. Tan mal,
que los que allí entablamos conversación. Yo por mi
parte, reinicié el router por si era de aquello, pero por lo
que escuché, es un mal que lleva pasando últimamente, y que hace
dos meses no pasaba.
Al ser una línea que da wifi a la biblioteca, a pesar de estar
protegida con clave parece ser que es utilizada por más gente
(dígase vecinos) y me sorprendió que un chaval que allí estaba,
quería cambiar la clave para que “nadie más chupara de ella”.
Claro está que no lo dijo así, pero era su explicación de por qué
aquello iba tan lento y fallaba tanto.
Me metí en “mi red” y vi que había 5 equipos conectados (sin
contar móviles) y él sugirió que los equipos linux no
aparecían. Ante mi sorpresa, pues me parecía raro que si había
tanta gente conectada como él sospechaba lo hiciera a través de
este SO, me dijo que él también lo usaba.
Entonces mi estupor ya fue mayúsculo. Que alguien que dice usar
Linux, emblema mundial de la licencia GPU, el compartir y lo libre
sintiera tal apego por una línea wifi que quería privatizarla
cambiando cada semana la clave de acceso, me resultó de lo más
chocante y contradictorio, y a su vez tan curioso, que lo creí digno
de contar, y por eso os lo cuento.
Y es que cuando nos tocan los datos, el compartir ya no es tan bonito
(según parece) ¿o sí?
PD: Recordemos que la señal es para que todos lo usen, cri cri, cri
cri...
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